RUTAS POR LOS VALLES
Y LAS HACIENDAS
¡Salud, oh pueblo de mis amores
donde en pasados tiempos mejores
mi vida alegre se deslizó!
¡Salud, oh tierra de los vergeles
cuyos recuerdos tienen las mieles
de la encarnada flor del sospó!
Rodulfo Figueroa, fines del siglo XIX
MEMORIA DE TIERRA Y MADERA
Traspuesta una curva de la carretera Tuxtla-Cintalapa, se despliega a los pies del Cerro de
Juárez, de manera repentina una vista casi cinematográfica: el valle de San
Pedro y Santo Domingo o de Cintalapa y Jiquipilas. El efecto es mayor si es la hora de
atardecer cuando el sol poniente remarca las formas bizarras que el viento y el agua han
labrado en los relieves que se sitúan en medio de la amplia extensión de
la planicie. De cerca, la sensación no decrece y los engañosamente mansos
ríos, los sabinales, los dilatados campos cultivados y los restos de antiguas haciendas
contribuyen poderosamente a recrearla.
El valle era en la Colonia un mundo autárquico que servía de entrada a los
viajeros que de México pasaban a la provincia de las Chiapas, un mundo dominado
por los finqueros, dueños de tierras y esclavos. Hoy es una de las comarcas chiapanecas
más prósperas y una de las varias zonas que conforman la depresión
central de Chiapas, una región de regiones, aprisionada entre altas montañas y
recorrida ella misma por serranías, barrancos y grandes valles.
Esta ruta por los caminos del occidente de Chiapas, antiguas tierras zoques, nos descubre
desde la modernidad de Tuxtla Gutiérrez, a los vestigios de la vida en las haciendas
tan importantes en la época colonial y en el siglo XIX, así como escenarios
de la antigua geografía sagrada de misterioso significado como es el paisaje
deslumbrante y casi desconocido del Cañón del Río la Venta. Es una
ruta de sorpresa para el viajero que busca las experiencias de la naturaleza y la
memoria.
TURISMO ALTERNATIVO EN LOS VALLES CENTRALES DE CHIAPAS
Otras maneras de disfrutar el viaje por Chiapas son la que ofrecen las rutas de los valles
centrales. Una es el turismo de aventura y deportivo; otra el turismo rural, una más
la visita a lugares que combinan su belleza natural con la significación sagrada de
antiguas civilizaciones.
El turismo de aventura tiene dos destinos de primera es los cañones del Sumidero
y la Venta. En el primero puede practicarse rapel, senderismo, kayac, natación,
pesca. EL segundo es ideal para rapel, espeleología, rafting. Pero hay más.
Están por ejemplo las grutas, tanto dentro del Parque Nacional del Sumidero
como las de Guaymas o la alternativa de observación de flora y fauna
en las reservas: la selva se muestra en todo su esplendor en El Ocote o en parque Laguna
Bélgica mientras que en la Sepultura posee una gama que va desde los bosques
de pinos a las selvas bajas.
El turismo rural tiene como principal aliciente la visita a las antiguas haciendas o fincas
que constituyen hitos en la historia de Chiapas de la Colonia y el siglo XIX, a más
de ser parte importante del patrimonio construido del estado. El valle de Cintalapa y
Jiquipilas es especialmente rico en grandes casonas de amplios corredores, altas
chimeneas, recoletas capillas. Aunque gran parte de las fincas son de propiedad
privada, la hospitalidad de los chiapanecos le permitirá acercarse a un
capítulo muy importante del desarrollo histórico de los pueblos de
Chiapas. En su momento de esplendor, en las fincas se producía maíz,
frijol, cacahuate, añil, cochinilla, henequén, madera y ganado.
Los valles centrales fueron asiento, en la época prehispánica, de dos
grandes culturas, la zoque y la chiapaneca, ambas otorgaron a su entorno un significado
que hizo del paisaje del paisaje una conexión con las deidades del cielo y del agua,
del viento y la tierra. Recorrer los lugares de la geografía sagrada le da un nuevo
sentido al viaje por Chiapas. El Cerro de La Chumpa en Jiquipilas, el cerro Mactumactzá
-vigía de Tuxtla Gutiérrez-, el mismo Cañón de la Venta y el
Sumidero, son refugios sacros cargados de leyenda y devoción.