La historia colonial chiapaneca está íntimamente vinculada a Centroamérica; tanto la
provincia de Chiapa como la de Soconusco, fusionadas en el siglo XVIII, formaron parte de la Capitanía
General de Guatemala. El arte colonial chiapaneco es testimonio de esa circunstancia. La arquitectura, la
escultura estofada, los retablos dorados tienen en Chiapas un innegable parentesco con el arte de Guatemala.
Ciudades como San Cristóbal de Las Casas, Chiapa de Corzo y Comitán de Domínguez
son un claro ejemplo de la herencia colonial en la entidad.
Nuestra historia colonial estuvo caracterizada por el aislamiento, la pobreza, un lento proceso de mestizaje
que todavía continua y las cíclicas revueltas. Notables son la resistencia de los lacandones
históricos ante la cristianización, las rebeliones de los zoques de Tuxtla de fines del siglo
XVII y, sobretodo, el gran alzamiento de los pueblos tzeltales iniciado en Cancuc en 1712 y cuyos efectos
se extendieron por gran parte del siglo XVIII. Injusticia y devoción fueron siempre elementos que
incitaron esas rebeliones.
La colonia supuso también una ampliación de la diversidad humana y cultural. A los mayas,
zoques y chiapanecas se sumaron europeos y africanos, que aunque escasos en números, contribuyeron
grandemente a la cultura del estado. A los segundos, por ejemplo, se debe la difusión de la marimba,
el instrumento musical chiapaneco por antonomasia.